su nueva investigación.
Esta vez, cuando las luces bajaron, Valeria no pensó en lo que le habían quitado.
Pensó en todo lo que había decidido conservar.
Su trabajo.
Su nombre.
Su voz.
Y mientras su padre aplaudía desde la primera fila, Valeria entendió que aquel doctorado nunca había sido el final de una batalla.
Había sido el primer día de una vida en la que nadie volvería a decidir por ella cuánto debía brillar.