llave.
Era la llave del estudio de su padre, una habitación cerrada desde su muerte.
—Creo que ya es hora de abrirlo.
Caminaron juntos hacia la casa.
Antes de entrar, Julián se detuvo.
Durante una fracción de segundo recordó otra tapa abriéndose, otro aire entrando en sus pulmones y la voz de Laura prometiendo sacarlo de allí.
Esta vez, sin embargo, nadie lo empujaba hacia la oscuridad.
Julián colocó la llave en la cerradura por decisión propia.
Abrió la puerta.
Y entró.