su vida.
Irene nunca lo dijo abiertamente, aunque Valeria comprendió entonces que jamás había aceptado la decisión.
—Ya eras parte de esta familia —respondió Valeria—.
No necesitabas robar nada para demostrarlo.
Bruno trató de intervenir.
—Todo esto se está saliendo de control.
Marcela sostuvo el teléfono encontrado en la caja.
—¿De quién es?
Bruno negó conocerlo.
Irene soltó una risa amarga.
—Es suyo.
Ramiro se volvió hacia ella.
—No digas una palabra más.
Irene lo ignoró.
—Lo usábamos para hablar con el notario y con las personas que iban a mover la propiedad.
—¿Qué personas? —preguntó Marcela.
Irene miró a Bruno.
Bruno negó con la cabeza.
Luego miró a Valeria.
—Tu padre también estaba involucrado.
La frase hizo desaparecer todo el ruido del patio para Valeria.
Esteban Montes, su padre, llevaba siete años fuera de su vida.
La relación se había roto después de la muerte de Elena.
Esteban consideraba injusto que su madre hubiera dejado Casa del Mirador directamente a Valeria.
Había insinuado que Valeria manipuló a una anciana enferma.
Hubo discusiones, abogados y meses de silencio.
Finalmente Esteban firmó un acuerdo reconociendo la herencia y se marchó de Puebla.
Valeria no sabía de él desde hacía más de un año.
Marcela obtuvo autorización para revisar el teléfono asegurado.
Había decenas de mensajes.
Fotografías de documentos.
Conversaciones sobre préstamos.
Cálculos de cuánto valdría el hotel si era vendido a un grupo inmobiliario.
Y una fotografía tomada tres días antes en el patio.
Esteban estaba sentado junto a Ramiro.
Pero no estaban solos.
La tercera persona era Julián, el contador de Valeria.
Ella sintió que el estómago se le cerraba.
Julián había sido quien encontró las transferencias sospechosas.
Julián había recomendado revisar las cuentas.
Julián había estado sentado frente a ella asegurándole que haría todo lo necesario para proteger el hotel.
Marcela vio su expresión.
—¿Lo reconoce?
—Es mi contador.
Ramiro sonrió débilmente, como si por fin hubiera encontrado algo que podía utilizar.
—Entonces quizá deberías preguntarte cuántas personas estaban cansadas de tu manera de manejar este negocio.
Valeria lo miró.
—Eso no explica por qué falsificaron documentos.
Ramiro dejó de sonreír.
Marcela pidió a los agentes que localizaran a Julián.
No fue necesario buscar demasiado.
Estaba en el hotel.
Lo encontraron en una habitación del segundo piso, intentando salir por una escalera de servicio con una mochila llena de archivos impresos y dos memorias USB.
Cuando lo llevaron al patio, Valeria apenas pudo sostenerle la mirada.
—¿Por qué? —preguntó.
Julián parecía derrotado.
—Porque tu padre me debía dinero.
—Eso no tiene sentido.
—Yo invertí con él hace años.
Perdí casi todo.
Me prometió devolverlo si ayudaba a facilitar la venta.
—¿Y tú aceptaste quitarme el hotel?
—Al principio solo iba a proporcionar información financiera.
Valeria soltó una risa sin humor.
—Siempre empieza con algo pequeño, ¿verdad?
Julián bajó la cabeza.
Marcela comenzó a ordenar las piezas aquella misma noche.
El plan había nacido meses antes.
Esteban sabía que no podía reclamar legalmente la herencia, pero también sabía que Valeria había otorgado un poder temporal a Bruno durante su hospitalización.
Ramiro vio una oportunidad.
Bruno tenía acceso a documentos personales.
Irene controlaba administración, proveedores y archivos internos.
Julián podía alterar información contable y ocultar movimientos.
La idea inicial era endeudar discretamente el hotel hasta colocar a Valeria en una posición